(Primera entrega)

Querida mujer, hay un aspecto fundamental en la vida del ser humano y es “La libertad interior”. Con mayor razón si es un cristiano, un seguidor de Cristo, adherido a Él y a su obra.

Todo cristiano dispone en su interior de un espacio de libertad que nadie le podrá quitar o arrebatar,

porque el Dios que le habita es su fuente y su garantía. Debemos tomar conciencia de esto tan importante, porque de lo contrario nos pasaremos la vida agobiados por el mundo que nos rodea y sus miles de circunstancias y no llegaremos a gozar nunca de la auténtica felicidad.

Ofrezcamos a Dios nuestra voluntad, nuestra razón, nuestra inteligencia, todo nuestro ser. Entonces nuestro Espíritu poseerá esta preciada libertad del alma, tan ajena a la ansiedad, a la tristeza, a la depresión, al victimismo.

Es un hecho evidente que el ser humano anhela vehementemente la libertad, pero como constatamos, cada vez es menos libre, cada vez el hombre está más atado a la cultura moderna que lo atrae como abejas a la miel. Materialismo, consumismo, adicciones, etc.

Es un hecho también que la noción de libertad está por estos tiempos cargada de ambigüedad, y esto ha conducido a tremendos errores y causado la muerte de millones de personas.

Aun así, el deseo de libertad sigue manifestándose en todos los ámbitos, social, político, económico, psicológico. Así que a pesar de los adelantos y progresos de la humanidad, el deseo de libertad sigue siendo un deseo insatisfecho. Y es que, el ser humano no ha sido creado para ser esclavo, sino para dominar en la creación. (Génesis 9, 7). Hemos sido creados para la libertad. Por el simple hecho de haber sido creados a imagen de Dios, el ser humano guarda en su interior una necesidad irreprimible de absoluto y de infinito.

La aspiración fundamental de todo ser humano es la felicidad; solo que nos pasamos la vida buscando esa felicidad en personas, cosas o lugares equivocados. Hoy quiero decirte que no existe felicidad sin amor y tampoco existe amor sin libertad.

Pero este amor es un  amor de decisión, un amor que se da por entero, no un amor egoísta que cree que se da, pero en realidad se está amando a sí mismo en el otro, siempre buscando algo a cambio. Solamente un amor auténtico de donación es capaz de colmar la necesidad del ser humano de amar y ser amado. Por esto, un amor que proceda de la coacción, del interés o de la simple satisfacción de una necesidad, no merece ser llamado amor. El amor no se vende, no se compra. El amor o es gratuito o no es amor.

Quizá para ti, mujer, y para las personas que te rodean, ser libre significa hacer lo que quieras, cuando quieras, poder deshacerte de toda autoridad, de horarios, etc. Pues bien, hoy la experiencia cristiana nos dice que la libertad solo se puede hallar mediante la amorosa y dichosa dependencia frente a nuestro creador y salvador. Tu libertad interior es proporcional al amor y a la confianza que te une con tu Padre del cielo. ¿Qué tanto amas a Dios? ¿En qué o cómo se lo manifiestas? ¿Confías plenamente en Él?

Una de las cosas que puedes hacer para comenzar, es hacer de la oración algo importante en tu vida; hacerla parte de tu vida. Así como dedicas un tiempo a alimentar tu cuerpo diariamente, dedica también un tiempo para alimentar tu espíritu. Un tiempo para conocer muy profundamente a tu creador, y puedas sentir su amor, su ternura y su consuelo.

Mujer, el Espíritu Santo quiere que le conozcas, hacerte una mujer libre y feliz; permítele hoy entrar en ti y que tome posesión de su lugar. Porque ¿sabías que tú estás habitada por el Espíritu de Dios?, nos lo dice  san Pablo en su carta a los romanos capítulo 8 verso 9. Entra en tu cuarto y a solas dedícale para empezar unos minutos de tu tiempo. Sin fórmulas especiales, conversa con Él como si estuvieras con tu mejor amigo, con tu confidente. Háblale despacio, dile lo que estás sintiendo y Él tomará lo que le digas y obrará a tu favor. Dale gracias, agradece todo lo que te da, el descanso de la noche anterior, lo que hace por ti; desde temprano mandó salir el sol para ti, te alimenta, te viste, te cuida, te escucha y vela por ti.

Poco a poco mujer querida, vas a ir conociendo a Aquél que te creó y te sostiene.

 

 Nota: Apartes tomados del libro: “LA LIBERTAD INTERIOR” de Jacques Phillippe.