Hay unas épocas del año que nos invitan a pensar en cosas que van más allá de nuestro diario vivir. La cuaresma, por ejemplo, nos invita a pensar en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, algo realmente importante para nuestra fe y nuestra esperanza. Otro tiempo es el adviento y la navidad, recordamos la espera y el nacimiento del Señor Jesús, Aquél que se encarnó y se hizo hombre, entre otras cosas, para revelarnos al Padre, un Padre amoroso y cercano que nos creó y nos sostiene. Más que Padre, es paternidad amorosa  permanente para cada uno de nosotros.

Pero, ¿qué significa esto para ti? ¿qué esperas? ¿en quién o en qué tienes puesta tu esperanza?

Aleja por unos momentos tu mirada de la rutina diaria, de la comida, el vestido, los negocios, la casa, la educación de los hijos, y piensa en algo que te atañe gravísimamente, esto es tu eternidad. 

Es necesario, vital, que sepas que después de la muerte hay una duración definitiva y eterna, quizá inconcebible y atemorizante para muchos, pero para otros, bella, anhelada y sobrecogedora. Cuando morimos, somos puestos en la presencia de Dios y de su gloria.

Cuando esto suceda, seremos puestos en la presencia del Padre, seremos confrontados con su amor absoluto y esto provocará en nosotros una toma de conciencia de no haber amado como debíamos amar, de no haber reconocido el rostro de Cristo en nuestros hermanos, de haber desdeñado y traicionado el amor de Dios. Esto es lo que se llama el juicio particular. En ese momento aparecerá, si hemos sido creyentes, si hemos servido y sobre todo si hemos amado como Él nos lo pidió, aparecerá también la felicidad del cielo, la visión beatífica, una interminable comunión íntima con Dios, un traspasar la frontera que nos separa de Dios; entonces veremos a Dios tal como es, como nos lo ha revelado Jesucristo. viviremos un amor infinito en que se multiplica y se nos participa la felicidad infinita de Dios

¡Hay eternidad, hay eternidad! Esto hay que decírselo al ser humano moderno, que solo cree que hay comida, sexo, dinero, deportes, culto al cuerpo, que sólo hay placeres, que sólo hay ambiciones, que sólo hay cultura. Estaremos en contacto, dentro de algún tiempo, con una inmensidad que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni vino al corazón del hombre lo que Dios ha preparado para los que le amamos (1Cor2, 9). 

Nuestra invitación hoy, es a que pongas tu esperanza en esta participación de la gloria de Dios, hay una eternidad bienaventurada que te está esperando y un Padre que tiene los brazos abiertos esperando a que tú le reconozcas y te dejes amar por Él.

Vuelve tus ojos al Amor absoluto que su paga es la eternidad bienaventurada.

Adaptado del libro MORIR Y RESUCITAR CON CRISTO.

 Padre Rafael García Herreros