Hoy quiero contarte un poco sobre el Espíritu Santo, ese Espíritu que vive en ti para procurarte la vida dichosa que te ha prometido el Señor.

Es una persona, la tercera persona de la santísima trinidad.

En cuanto se refiere a este para el ser humano, Él es quien posibilita todo nuestro actuar cristiano. Todo lo bueno que sale de ti proviene del Espíritu Santo porque Él te habita, está viviendo en ti.

En el Evangelio de Lucas nos dice el Señor que seremos revestidos del poder de lo alto. Pues bien, ese Poder es el Espíritu Santo (Lc 24,49)

Ya desde el Antiguo Testamento nos lo prometía el Padre por boca de Ezequiel:  yo les daré un solo corazón y pondré en ellos* un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, (Eze. 11:19)

¿Quieres dar buenos frutos en tu vida? Es claro que recogemos lo que sembramos, entonces fijémonos muy bien qué es lo que estamos sembrando. De tus buenas acciones recoges buen fruto, de tus malas o regulares acciones saldrán frutos que dejan mucho que desear.

Purificar la intención tiene mucho que ver con el hecho de dar buenos frutos; es decir cuál es el motivo que me mueve a hacer lo que hago. Si el motivo es solo mi bienestar o mi tranquilidad de conciencia, pues el fruto no será muy provechoso, pero si en cambio la intención tiene que ver con el amar a otros, con salir de ti mismo para hacer algo por alguien, entonces sí que el fruto será de mucho provecho para tu vida.

Permítele el Espíritu Santo que conduzca tu vida, deja que tome el control absoluto sobre tu persona y tu vida y verás un cambio sorprendente en tu actuar y en los frutos que comenzarás a dar.

¿Qué tiene que hacer el limonero para dar limones?, nada. Dios tiene un proyecto para ti, para que tú des frutos de lo que eres verdaderamente: limonero, mandarino, = HIJA(O) DE DIOS. El Dios que creó el universo vive en ti, es parte de ti, permítele a Él trabajar en ese proyecto y hará de ti una verdadera obra de Dios.

El Espíritu Santo no se puede aparentar, por los frutos lo sabemos, por los frutos que estés dando te darás cuenta si el Espíritu Santo te conduce o si por el contrario, es tu propio ego el que tiene el control de tu vida.

Invócalo, llámalo, en oración invítalo a hacer parte de tu vida y vive en íntima y permanente comunión con Él.