Hoy quiero invitarte a renovar tu fe en Dios. Quiero invitarte a creer apasionadamente. Estoy segura de que una fe apasionada por Cristo será un bálsamo sanador de mucho de lo que hoy te aqueja.

Tu fe debe removerte, debe hacerte amar con pasión y con esperanza. Que no sea una fe anémica, sino un torrente que sale de dentro de ti hacia tu creador, porque Él se encarnó y se hizo hombre por una locura de amor por ti.

No puede ser posible que creas con más apasionamiento en las cosas del mundo que en Aquél se entregó en una cruz por amor a ti. Vive tu cristianismo rebosante de esperanza; ¿cómo crees que se sentiría tu creador si te brillaran los ojos cada vez que hablas de Él? Es que amiga, la vida cuando se vive con Dios es arrebatadora; cuando Dios forma parte de tu cotidianidad, cuando convives con Él en una comunión íntima y permanente, entonces, la alegría será el rasgo permanente de tu vida.

No puedes amarle como si le estuvieras haciendo un favor o sintiéndote bien contigo misma por el hecho de que oraste un rato o porque fuiste a misa en lugar de estar divirtiéndote en otra parte. Piensas entonces que el Señor está en deuda contigo porque tú “lo has hecho bien”.

Si tu dios es un dios que aburre, que es una carga y que no te sacia, ese no es el Dios de Jesús, el Padre amoroso que da todo lo que tiene por ti.

Tu fe tiene que ser una fuente de goce. No del goce tonto que comer un helado o ver una película buena nos da, sino ese otro gozo más hondo del equilibrio interior, que incluso puede ser compaginable con el hecho de estar pasando por un momento difícil.

Te invito a que te sientas feliz de ser católica cristiana. Es cierto que en ocasiones somos tibios, mediocres en nuestra fe, pero te aseguro que la misericordia y el amor de tu Padre, de tu creador es infinitamente mayor a las debilidades de tu fe.

Pídele al Padre una fe que te haga vibrar con Su amor.

A la luz de Dios, siempre habrá primavera.

Adaptado del artículo de José Luis Martín Descalzo, CREER APASIONADAMENTE