Como seres humanos se nos presentan inconvenientes en la vida,  de diferente índole (económicos, laboral, salud, etc) y tenemos  la necesidad de reconocerlos, aceptarlos y afrontarlos para solucionarlos de la mejor manera posible, buscando esa luz que ilumine nuestro camino y esa fuerza de lo alto que nos lleve de la mano,  para seguir adelante, rompiendo los muros que nos impiden la felicidad tan anhelada. Es importante aprender a manejar los sentimientos y emociones, tener dominio propio de nuestra vida y de las situaciones que nos quitan la paz y la tranquilidad.  Si emprendemos la salida, saldremos victoriosos de estas situaciones y recuperamos nuestra dignidad como seres humanos e hijos de Dios. La clave fundamental para recuperar la Tranquilidad y la Paz está en el dialogo, en el saber escuchar al otro, en el respeto a la individualidad, en el colocarnos en los zapatos del otro.    

Cómo sanar heridas emocionales

Es importante hacer un alto en cualquier momento de nuestra vida, con el fin de mirarnos al interior de cada uno de nosotros y reflexionar sobre algunas reacciones, comportamientos o actitudes que tenemos y que no son las más adecuadas, porque me afectan y lastiman a las personas que están viviendo y compartiendo conmigo y son las que más amo. Por lo tanto se hace necesario que busquemos una sana convivencia, una buena armonía, mejorar las relaciones personales en mi entorno, conseguir la paz, la felicidad y evitar las enfermedades en mi vida.

 

Al identificar los momentos específicos y situaciones concretas que me llevan a reaccionar de esa manera no adecuada, estoy identificando las heridas que tengo y que me están haciendo daño, que han sido ocasionadas en alguna de las etapas de mi vida, que deben ser sanadas y es el momento de iniciar a trabajar estando muy vigilante y pendiente para superar y evitar volver a caer en lo mismo, esto lo podemos ir logrando con la ayuda de Dios a través de la oración y del perdón.

¿Por qué sanar viejas heridas?

 

Quizás te has hecho esta pregunta con la idea que hay cosas que deben ser enterradas y olvidadas. Te cuento que yo también me la hice e inmediatamente venían a mi mente respuestas como: ya soy un adulto; todo eso lo he superado; además he estudiado y luego terminaba diciéndome “nada bueno puede traer el recordar cosas que se quieren olvidar”.

Cuando abrí mi corazón para enfrentar esa parte de mi historia que me costaba recordar, descubrí que había episodios que aún me dolía recordar y que generaban en mí sentimientos de dolor, rabia, tristeza y sobre todo de rencor. Esta fue la primera parte de la respuesta a la pregunta del comienzo: si al recordar siento todo esto, vale la pena reconocer que esas viejas heridas todavía están abiertas y al estarlo, siguen haciendo daño desde lo más profundo del ser, desde el inconsciente.

La segunda parte de la respuesta surgió cuando relacioné el manejo de mis emociones, los temores, inseguridades y hasta la baja autoestima con esas viejas heridas que creía que ya no estaban afectando a un hombre mayor que pensaba que ya nada podía cambiar su forma de ser, de pensar y de actuar.

Fue sorprendente cuando al abrir el corazón a la acción de Dios para enfrentar esas viejas heridas y dar el paso de entregar a Jesús los sentimientos y expresar el arrepentimiento y el perdón, me sentí liberado de las toneladas de peso que había llevado sobre mis hombros durante muchos años. Fue como si se limpiaran los lentes empañados con los que miraba el mundo, y comencé a ver nuevos colores, nuevos paisajes. Ahora todo brilla y han podido brotar de mí sentimientos de alegría, ternura y gratitud que antes mantenía reprimidos.

 

Si, vale la pena que te des la oportunidad de que por la acción grande y maravillosa del Espíritu Santo, se sanen esas viejas heridas de tu historia personal.