Hoy quiero invitarte a renovar tu fe en Dios. Quiero invitarte a creer apasionadamente. Estoy segura de que una fe apasionada por Cristo será un bálsamo sanador de mucho de lo que hoy te aqueja.

Tu fe debe removerte, debe hacerte amar con pasión y con esperanza. Que no sea una fe anémica, sino un torrente que sale de dentro de ti hacia tu creador, porque Él se encarnó y se hizo hombre por una locura de amor por ti.

Hoy quiero contarte un poco sobre el Espíritu Santo, ese Espíritu que vive en ti para procurarte la vida dichosa que te ha prometido el Señor.

Es una persona, la tercera persona de la santísima trinidad.

En cuanto se refiere a este para el ser humano, Él es quien posibilita todo nuestro actuar cristiano. Todo lo bueno que sale de ti proviene del Espíritu Santo porque Él te habita, está viviendo en ti.

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Hoy queremos tratar un tema que nos toca a todos de manera directa y profunda y ese tema es: cómo amar a otra persona, pudiéramos decir de manera correcta.

Aunque suene un poco raro hay formas correctas e incorrectas de amar. Comúnmente llamamos amor a ese sentimiento agradable, intenso y profundo que nos hace disfrutar de la presencia de la otra persona, pensamos en él o en ella con mucha frecuencia y anhelamos estar con esa persona por largos períodos de tiempo.

Hay unas épocas del año que nos invitan a pensar en cosas que van más allá de nuestro diario vivir. La cuaresma, por ejemplo, nos invita a pensar en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, algo realmente importante para nuestra fe y nuestra esperanza. Otro tiempo es el adviento y la navidad, recordamos la espera y el nacimiento del Señor Jesús, Aquél que se encarnó y se hizo hombre, entre otras cosas, para revelarnos al Padre, un Padre amoroso y cercano que nos creó y nos sostiene. Más que Padre, es paternidad amorosa  permanente para cada uno de nosotros.

Pero, ¿qué significa esto para ti? ¿qué esperas? ¿en quién o en qué tienes puesta tu esperanza?

Hoy por hoy el hombre está centrado en sí mismo, en querer ser el centro de atención, en hablar mucho por el gusto de oírse a sí mismo y de que los demás le oigan, siempre tiene algo que decir, algo que hacer y algo que demostrar; no se deja corregir y su imaginación anda a mil por hora. Se dice: “yo me basto a sí mismo, no necesito de nadie, soy santo, no cometo pecado”.

Hoy, queremos llamar tu atención sobre aquello que te está robando tu esperanza.

Muchas cosas suceden en el transcurso de la vida que pueden hacer que ya no tengas esperanza. Un revés económico, voces que se levantan en tu contra, una traición, una gran desilusión, una pérdida…

Ahora querida amiga, queremos decirte ¡levántate!, ya no te quedes en ese lugar oscuro, cuando estás en el fondo del hueco la visión es muy limitada; toma la decisión de comenzar a salir de ese hoyo que te mantiene a oscuras, desorientada, desanimada.

(Primera entrega)

Querida mujer, hay un aspecto fundamental en la vida del ser humano y es “La libertad interior”. Con mayor razón si es un cristiano, un seguidor de Cristo, adherido a Él y a su obra.

Todo cristiano dispone en su interior de un espacio de libertad que nadie le podrá quitar o arrebatar,

Un hombre sin humildad, sin confiar en su Padre Dios que le tiende continuamente los brazos, habitará en la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Recordemos que la humildad es condición imprescindible en el camino a la eternidad, que el fin último del ser humano es volver al Padre y si queremos servir al Señor, hemos de desear y pedirle con insistencia la virtud de la humildad. Nos ayudará a desearla de verdad, el tener siempre presente que el pecado capital opuesto, la soberbia, es lo más contrario a la vocación que hemos recibido del Señor, lo que más daño hace a la vida familiar, a la amistad, lo que más se opone a la verdadera felicidad... Es el principal apoyo con que cuenta el demonio en nuestra alma para intentar destruir la obra que el Espíritu Santo trata incesantemente de edificar.


Permítenos hoy contarte un poco de nuestra historia:

Desde comienzos del año 1997, se empezó a levantar en la Iglesia Católica un ejército de mujeres que dijeron: ¡ya no más pobrecitas!, ¡ya no más víctimas!, ¡es tiempo de hacer algo que transforme nuestras vidas, nuestra familia y nuestro país!. Y fue así como nació Mujeres de Futuro, mujeres que quieren libertad verdadera, mujeres de toda condición que quieren romper con sus esclavitudes y dejarse trasformar por el Único capaz de dignificar a una mujer. Por eso decimos hoy todas las mujeres de futuro: gracias Señor, porque nos has levantado, nos has devuelto nuestra dignidad y nos has salvado.